Pequeño sol solidario. Little sun Diamond.

 

La tecnología  Led, pensándolo bien, está ocasionando una revolución verdadera en nuestro modo de vivir.

Según notifica el # 165 de la revista Elle Decoration, mil cien millones de personas en el mundo viven sin electricidad.

No he encontrado mejor ejemplo que esta pequeña lámpara que se carga con energía solar  (La Little sun Diamond), diseñada  por el innovador y artista danés Olafur Eliasson,  quien  ha logrado con ello que en el continente africano muchas comunidades puedan revitalizarse.

Al comprar una de estas ecológicas lámparas (http://littlesun.com/store-locations/), se envía otra similar a África por un precio reducido.

“En África, -según declaró el artista a la propia publicación,  cuando los niños van al colegio, la cuelgan en sus mochilas. Los conductores pueden verla, así que los niños están menos expuestos a ser golpeados por un coche. En el colegio, ellos la ponen a cargar en la ventana, y cuando regresan a casa por la tarde, aportan luz para toda la familia. Eso les hace sentirse útiles. Las tiendas que solían cerrar cuando caía la noche, pueden permanecer abiertas. Los pueblos han vuelto a la vida”.

Nunca antes constaté el  modo más sencillo de combinar   solidaridad y ecología a partir de la tecnología led. Seguir  a este creador (http://www.olafureliasson.net), y comprar una de sus pequeñas lámparas, será para todos un punto de partida, o la continuación en un modo distinto de vivir.

 

El secreto de una buena iluminación.

Nos solemos deslumbrar al ver la sección de iluminación en grandes superficies como Leroy Merlin, Ikea, o Bricomart. Son tantas las opciones, y ahora sobre todo con las ventajas de la luz led, que terminamos comprando hermosas lámparas para después no saber qué hacer con ellas.

Homeatope electricista ha sido requerido en no pocas ocasiones para aconsejar sobre la iluminación de determinada estancia del hogar o espacio de trabajo; y ha tenido que ingeniárselas para lograr unificar lo que el cliente pretende, con lo que puede hacerse de acuerdo con la previa instalación eléctrica

Para ir adelantando tramo, echo mano del artículo “Más y más luz. Aprende a iluminar”, que enseña en pocos pasos el secreto para iluminar bien. Lo recomiendo porque a mi me servirá para crear espacios confortables y estéticamente óptimos.

El secreto de una adecuada iluminación.

Existen 4 tipos de iluminación, según Jennifer Nieto, responsable de marketing  de Faro Barcelona.

  1. Iluminación general, conformada por los empotrables del techo.
  2. Luz ambiental, conseguida con los apliques de pared.
  3. Luz puntual, por  las lámparas de pie.
  4. Luz de acento, la que se logra mediante pequeñas lamparas de mesa o iluminando el  interior de vitrinas.

¡Siempre hablamos de luz led!

La otra clave fundamental para diseñar la iluminación es tener en cuenta el color de las bombillas, conocido en el argot como  temperatura del color.

Las de luz más blanca resultan frías, y las de luz anaranjada o amarilla, más cálidas.

En este artículo de la Revista El mueble # 664, nos recomiendan que la iluminación regulable de las lámparas de pie, es un gran aliado para que un salón resulte cálido.

Luego, se va detallando qué es lo ideal para cada estancia, a saber.

  1. Salón: ganar luz general con focos empotrados o un plafón. Siempre luz cálida.

Luz ambiental junto al sofá con una lámpara de pie o un aplique de pared,  por ejemplo.

2) Comedor nunca  sobre iluminado: Una lámpara suspendida sobre la mesa del comedor es suficiente.

Y así nos va orientando este útil artículo sobre el diseño del dormitorio, el vestidor, la cocina, el baño y hasta el pasillo.

En cada caso vienen orientaciones precisas del tipo de leds a utilizar.

Ah, y no olvides las velitas de toda la vida, y las próximas Navidades!!!

 

 

 

Clara oscurecida.

 

Pasados cuarenta minutos de las tres de la madrugada, -hora local; el edificio frente al jardín, semejaba un tablero de ajedrez apagado. Sobre él, un alfil blanco hacía pequeños trazos como si una mano experta dudara en la jugada.

El insomnio de Clara era una secuencia de pesadillas interrumpidas, según le contó a su analista una semana después. El vecino de abajo fue quien detectó la fuga de agua al descalzarse y sentir sus calcetines blancos encharcados al borde de la cama.

Era un tipo con buen humor, pero Clara apuntó en su caótico discurso que nunca hubiera prestado atención a alguien que se enfundase los pies,- ni siquiera de noche; en unas medias así.

Casi dormida le dejó pasar y ante el caos, lo vio revisar casi todo el departamento. Él mismo le sugirió el teléfono de un fontanero urgente, el único que estaría de guardia en la ciudad, y que con seguridad vendría.

Clara le pretextó por teléfono no tener dinero en efectivo, y desolló los  consejos del profesional de  que cerrara la llave de paso general. Se tiró sobre  el sillón sedada por los ansiolíticos, y supuso que tras aquel café negro podría despertarla cualquiera, aunque un rato después el vecino  tendría que  romperle los tímpanos con el insistente timbre.

Él mismo contrató al fontanero de guardia, y le aseguró que Clara (quien dormía), estaba dispuesta a pagarle lo que pidiera. Lo importante es que viniera ya.

¿La conocía acaso? Se preguntó la analista en su tableta.

Al llegar y ver el desorden reinante; el fontanero comenzó con preguntas más propias de un inspector de policía.

Clara había cerrado la llave del gas que daba al termo de agua caliente por suponerlo pinchado, pero había dejado abierto el gas de la cocina. Un peligro se adueñaba del departamento, y de no haber sido por el vecino de los calcetines blancos, hubiera muerto  asfixiada, como contaban a menudo las crónicas de sucesos de El Correo Gallego.

Después de hacer una revisión minuciosa; el fontanero detectó que el agua brotaba del fregadero  de la cocina. Un latiguillo  roto, su mala calidad le proporcionó poca vida. Tampoco había  colocado un regulador de presión, y las revisiones periódicas brillaban por su ausencia en aquel edificio antiguo.

Sin embargo, al mirar los grandes ojos de Clara cayendo sobre una baldosa casi levantada, sintió una reacción hostil, como un rechazo. Apenas le explicó de lo que se trataba por no meterse dentro de la intimidad de su clienta, vislumbrando acaso que el vecino de abajo podría ser la solución a todos los problemas.

Cobró y la vio alejarse envuelta en una bata de algodón blanca. Se fue retirando como una sombra leve.

Al bajar las escaleras, el fontanero vio  la luz encendida  como si persistiera aquella primera imagen tras dos horas de trabajo. El vecino tecleaba un cuento sobre su ordenador, y miraba hacia el jardín  iluminado por  luz led.